Desde la Isla Polar

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Echo de menos observar un parahelios. Para ser fiel conmigo, solo recuerdo haber visto, o ser consciente de ellos en los dos últimos años. Necesito ese arco iris circular. 

Pero ya no hay nubes en mi Isla Polar. Al estar varada en el epicentro del campo de asteroides, el moviemiento de rotación que con tanto esfuerzo conseguimos se ha parado y no hay corrientes de aire sobre la superficie. Ello me entristece aún más si es posible. 

Ya no hay nubes…ya no existen esAs microscópicas gotas de agua suspendidas sobre el polvo atmosférico que refractan toda la luz que las atraviesa y se vuelven blanca. Como el pelo del oso polar. 

Ya no hay cirros que ayuden a direccionar la luz del sol que aún nos llega y pinten un arco iris alrededor de él. Y lo más importante…si existirán esas nubes, no sé si querría ver los parahelios y contaminar mis recuerdos. 

La primavera debería llegar pronto a la Isla, pero creo que este año se va a retrasar bastante. 
Golpe a golpe cincelo y doy forma rectangular a las piedras caídas. Aún no he acabado de decidir si construiré un patio en el faro alrededor del limonero que debía de ser el centro de la casa, frente a la habitación con la chimenea. 

Ya han pasado muchos años desde que Alejandro Magno introdujera el primer limonero desde la India a Europa. Campanita lo introdujo en nuestra Isla Polar. Yo espero llevarlo a Sedna y que allí florezca. 

Apenas queda vida en mi Isla, pero la poca que queda, tendré que cuidarla con mucho cariño. Seguiré mientras buscando a Luna Margarita y el lugar donde Jacobo enterró sus alas. A veces, creo escuchar su voz melodiosa rebotándose través de los asteroides. A veces creo escucharla contando un cuento. 

#desdelaislapolar

Sobre un paseo en barco. 

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La lluvia de meteoritos ha azotado la Isla Polar. Afortunadamente la peor parte se la ha llevado la ladera oeste del monte nevado y la nieve ha frenado los daños propios de los impactos. 

Sin embargo hoy he salido a navegar por las aguas del mar de las Inuits. Ese mismo mar que hace poco hervía de vida hoy se encuentra solitario. Me he subido al bote que construyese con Campanita y me he dirigido mar adentro sin rumbo alguno. El viento se ha calmado y apenas he navegado unos cientos de metros. La Isla Polar no es la misma. No se oye el rumor de las abejas, los cánticos de las hadas ni el batir de alas de las mariposas. No oigo las ballenas. Dejó caer mi mano por estribor y el agua me acaricia los dedos. 
Quizás el mar separe las orillas

Quizás las olas distraigan mis sentidos 

Quizás el sol nunca se esconda 

O quizás nunca alcance mi propia sombra. 

Muchos quizás, para tan pocos versos. 

El océano me da su mano, con ella me sumergo.

El azul profundo se confunde con el cielo.

Ya no distingo la noche 

ni siquiera el ocaso de mis dioses 

Saco los pies del bote, que pesados

se me antojan los pasos. 

Mar de las Inuits, dame tus manos,

acaricia mi descenso 

hacia el mismo infierno. Y cuando a él llegue 

permiteme subir, bautizamé en tus entrañas .

Mar de las Inuits, cierro los ojos, 

Soy tuyo.

Quizás en ti encentre a Jacobo. 

Mañana seguiré construyendo mi faro. 
#historiasdeJacobo

Sobre El-Gabal

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La primera piedra siempre es la más difícil de tallar. En ella acabo de realizar un petroglifo con la figura de Munin y de Hugin, los amados cuervos de Odin. La piedra es rectangular aunque no ha quedado muy buen tallada porque el meteorito que he podido recuperar  era de una consistencia bastante dura. Cayó una noche sobre la cima del monte de hielo y aunque bajarla no ha sido fácil lo he conseguido con más o menos paciencia. 

Llamaré a esta primera roca El-Gabal en honor al dios sirio Solar: Dios -de la montaña. A pesar de que en la bajada se ha fragmentado , como le ocurriese al obelisco de Asuan, me ha quedado un trozo lo suficientemente grande como para poder esculpir un bloque lo robusto para aguantar el peso del faro que tengo planeado construir. Ya he encontrado su ubicación: cerca del acantilado del mar de las inuits, allá donde las ballenas puedan contemplar mi trabajo. El trabajo es arduo porque he usado un trozo de roca como martillo y cincel y aún desconozco como a llegado a mi…

Entre golpe y golpe, paro para cavar la zanja donde irán los cimientos del nuevo edificio. 

A todo esto…me han llegado noticias de Campanita. Dice que Jacobo sigue volando. Espero acabar el faro, encontrar a Luna Margarita, y ver si realmente La noche oscura del espacio me deja verlo. 
El epicentro de los asteroides es un laberinto en moviemiento. Quizás el laberinto más difícil que jamás imaginase. 


#historiasdejacobo

Sobre Arquímedes…

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Han existido tres grandes matemáticos-físicos que siempre han sorprendido a los seres-con-bata-blanca-y-bolígrafos-en-el-bolsillo. El que me ha visitado hoy en forma de sueño-raro era un ser mayor que intentó hablarme en griego clásico. 

Después de mucho pensar pues es cierto que mi griego está tan oxidado como el latín, siendo esta una lengua más reciente, caí en la observación de que el ser que se hallaba ante mi era sin lugar a duda ni discrepancia alguna Arquímedes de Siracusa. De las pocas palabras que logré entender y del dibujo que artísticamente realizó en la arena que nos rodeaba, pude entender que solo trataba de explicarme cómo salir del epicentro de los asteroides donde me encuentro: busca un punto de apoyo, una palanca y moverás a la Isla Polar. Pero antes de todo ello debo encontrar a Luna Margarita por lo que tengo que empezar a construir el faro-guía que me ayude a encontrarla. Tengo el horno y muchas piedras a mi alrededor así que no es mala idea iniciar el edificio. Tendré que cosntruir un faro muy alto, pues la densidad de rocas espaciales es tan alta que tendré que elevarme mucho para localizarla. 

Ya he pensado en el plano…ahora solo me falta encontrar las ganas. Lograré ver volar a Jacobo desde allí encima?

  

Sobre olvidos

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Jacobo, has olvidado la poesía, has construido tu propio laberinto de cristal, has perdido a Luna Margarita entre los asteroides. Has llevado a la isla polar al epicentro de un montón de rocas ascentrales. Ahora jugarás a esconderte tras palabras encadenadas y razones vacías. Has vuelto a esconderte tras La Náusea de Sartre. Cómo sacarás de allí a Isla Polar ahora que has expulsado a las Inuits, al oso polar, a las mariposas, las hadas, las abejas y has soltado la mano de Campanita?

Que me esperará en Sedna si algún día llegó a ella? Has olvidado que ser amado es un privilegio y no una amenaza. En el pecado está la condena. 

Y encima ahora la poesía no llega tan lejos como yo me encuentro.