Sobre el mago que abandonó el mundo de la magia por arte de magia

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Las ninfas han pedido a Jacobo que les cuente un cuento. Pero Jacobo sabe que es Campanita quien sabe de verdad contar cuentos. Campanita le ha prometido que aprenderá poco a poco a contarlos como ella lo hace. Sólo tiene que narrar desde las entrañas.

Así que sólo se me ocurre escribir este cuentecillo para que Campanita lo lea y después poder leérselo a ella.

Erase una vez un joven mago que un día desapareció del mundo…

2015

La mesa de magia estaba preparada. La paloma permanecía agazapada en el doble fondo de la chistera. Olía a conejo de la función anterior, pero en aquella ocasión el conejo se había encontrado indispuesto.

Todo el mundo permanecía expectante ante la aparición del mago que anunciaba el presentador, pero hacia ya de ello un par de minutos y éste no había aparecido aún. Se empezaba a escuchar un leve murmullo creciente entre los espectadores.

Los expectantes espectadores esperaban. El ambiente era redundante como la oración anterior, pues venían a ver al mago más prometedor de la ciudad y permanecían atentos a todos los rincones de la sala por sí se le ocurría presentarse de una forma inaudita.

Pero lo realmente inaudito consistía en que el mago no estaba allí. Por primera vez en su vida había observado magia de verdad. No pudo resistirse a ella y a las de tres, desapareció.

1985

Un niño se levantó de sus asiento y se puso a jugar con la chistera del viejo mago bajo la atenta desaprobación de sus padres. En su mano llevaba la varita que desde el principio anheló. Su padre, al ver que el niño agarraba las cosas del mago en un descuido de éste, se levantó para agarrar a su hijo y sostenerlo en brazos.

La chisteras del mago rodó entonces por el suelo y fue a parar bajo los pies de un caballero con traje gris oscuro que estaba sentado en la primera fila. Cuando lo cogió del suelo le hablo al niño y le dijo: ten cuidado con las cosas mágicas y lo colocó sobre la cabeza del infante. Chascó los dedos y golpeo con su bastón el gorro. Fue entonces cuando debajo del sombrero salió una Paloma blanca que asusto algo al niño al notar el ave sobre su cabeza. Esa fue toda la magia que tuvo lugar en aquel escenario y aquella noche.

Nadie observó como aquel señor de traje oscuro que había envejecido por momentos recogió a la paloma, ató un pequeño papel dorado en su pata derecha y le susurró al oído que buscara a su mago, al tiempo que chasqueaba sus dedos y la paloma desaparecía bajo la atenta mirada de un único espectador: El Niño de la chistera.

El mago al que el niño había quitado su chistera y su varita en un descuido no pudo continuar su espectáculo por las travesuras de aquel niño y tuvo que suspender el espectáculo. Nadie advirtió tampoco como aquel hombre mayor se había convertido en un rayo de luz entre las sombras y había desaparecido como la paloma que aquel otro mago buscaba inútilmente. La Paloma fue a buscar a su mago y no era aquel precisamente.

Aquel día este niño decidió que sería mago.

Treinta años más tarde, mientras el joven mago practicaba detrás del escenario con su chistera nueva, colocó una paloma en el doble fondo del sombreo, pues el conejo que siempre usaba curiosamente se acaba de encontrar indispuesto. Sabía que la magia no existía. Aunque él fuese un baluarte de ella.

Levanto su varita y golpeo su sombrero para activar el mecanismo de apertura y el sombrero salió disparado hacia el suelo a la vez que salían dos palomas de él. El joven, sorprendido miró su varita y sintió como un rayo de luz incidía sobre ella. Recordó a un anciano que desapareció delante suya cuando él arruinó la función de otro mago…

La nueva Paloma portaba un pequeño mensaje dorado atado a su pata. Un papel amarilleado por el tiempo. Aquella paloma y aquel mensaje dorado le recordaban a la paloma que desapareció al tercer chasquido del anciano hacia treinta años. La agarró suavemente a la vez que desataba su pata. No era posible que fuese aquella paloma. Habían pasado casi 30 años. En el pico portaba un hilo rojo que se introducía dentro de la chistera.

– la magia existe joven amigo. Es un mundo que pertenece a los que creen en ella. La magia no consiste en sacar palomas de las chisteras. Esta paloma te encontrará cuando estés preparado. Sí crees en la magia, coge el extremo del hilo rojo, golpea tres veces la chistera con la varita y que la magia te guíe al final de la cuerda roja.

El auditorio estaba lleno, pero al joven (aprendiz) mago no le importó. Chascó el sombrero una vez. La Paloma desapareció, lo chascó por segunda vez, se hizo el silencio y al dar el último toque notó como su mundo se desvanecía, se introducía por la boca de la chistera y aparecía sentado al lado de una mujer a la que tenía la impresión de conocer desde siempre y a la vez, ser la primera vez que la veía. Ella tenía una historia similar. Acababa de aparecer a la misma vez que el.

Estaban sentados en las filas traseras de un auditorio repleto de gente ansiosa de ver a un joven mago prometedor. Entonces se dieron cuenta que la magia si existía, pero no se realizaba detrás de los telones. La magia consistía en un hielo rojo.

Dos ancianos estaban sentados a ambos lados de ellos. En el extremo de la mujer permanecía una señora mayor. En el extremo del mago, un señor de gris oscuro.

Él, se hacía llamar Eros, ella, Afrodita y se habían comprometido a enseñar la magia a dos mortales.

La gente se fue enfadada del teatro. Ellos dos continuaban sentados fundidos en un beso que fue admirado desde el Olimpo. De los dioses antiguos recibieron una parte de la magia que les llevaría a perderse cada noche por las calles de la pasión.

Nadie volvió a ver actuar a aquel prometedor mago y nadie volvió a por hablar de una prometedora bailarina que iba a servir de modelo para fabricar cajas de músicas, pero el soldado de la magia y la bailarina de la música encontraron al final la magia verdadera. Era roja y tenía forma de hilo.

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