Sobre tierra mojada y manzanas.

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Las ninfas han parado de bailar durante un rato y han mirado hacia el norte. Campanita brilla tanto que es difícil diferenciarla de las estrellas.

Las plantas nuevas brotan sobre el suelo ahora fértil de la isla de hielo que se observa desde la tierra como un parahelio. Los seres-intelectuales-con-bata-banca están sumergidos en una carrera para explicar que esta ocurriendo en su cielo-inexpugnable. Algunos seres-racionales hablan ya de un cometa de hielo en órbita alrededor de su-planeta. El océano es cada vez más azul y las inuits surcan sus aguas de forma armoniosa.

Quizás anoche, mientras dormíamos Sedna nos visitara porque cada vez hay más vida en nuestras aguas saladas. Nuestras isla-de-hielo es cálida a pesar de que tengamos la idea contraria. El agua que contiene en su corazón renueva la energía de la isla.

Las ninfas miran al cielo. Hacia el norte. Campanita sonríe, como yo. Cuanto tiempo he tardado en aprender a sonreír? Mi vestido de colores, mis manos y mi sonrisa. Poco a poco me muestro como soy yo, como Campanita es, y como es nuestra isla de hielo. Una caja de lápices de colores.

Sedna, la diosa inuit de las aguas ha estado aquí. Se ha reunido con Anu (Danna). Por eso estaba aquí Zalmoxis, el dios con piel de oso.

Sedna y Anu reunidas. Curiosa compañía. Sila sonríe. Tiene sus motivos. Una diosa celta charlando con una diosa ártica. El viaje se pone interesante.

Nuestro viaje hacia p90377.

Los dioses se turnan para bendecir el mundo que surge sobre la isla de hielo. Un campo de flores rojas (amapolas) y blancas (margaritas y jaras) se extienden sobre la capa menos helada de la isla de hielo.

Lo más curioso de todo es que Campanita ha parado de bailar un rato. Ahora descansa y la observo. No es un hada cualquiera. Mide exactamente el mismo tamaño que yo. Miro sus manos y su sonrisa.

Anu, el dios sumerio que reina el cielo y que se llama igual que la diosa celta nos ha proporcionando el mapa de las constelaciones para orientarnos durante el resto del viaje.

Me gusta observarlos. Los seres-racionales-superiores han puesto tantos nombres a los mismos dioses que ellos juegan a usar el nombre que más les apetece.

Me gusta observarlos y sonreír mientras lo hago, pues, en nuestra isla de hielo y nuestra caja de lápices de colores, los dioses son meros espectadores y somos nosotros quienes decidimos. Eso es lo mejor de nuestra isla de hielo. Podemos escucharlos pero nadie decide por nosotros.

La ballena inuit nos está llamando. Hacia la orilla del mar de la isla-de-hielo nos dirigimos. Mientras, desde el norte, los primeros pájaros han llegado guiados por la luz de las ninfas y de Campanita. Nos traen sus cantos y su alegría. Algo me dice que vienen a quedarse.

Huele a tierra mojada y a manzana…

#Jacobo

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