Sobre personas con éxito

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Querido Jacobo:

Hoy quiero contarte un pequeño cuento…

Había vaciado sus bolsillos sobre la mesita de entrada. Cada vez que miraba la tapa de la mesa se extrañaba por la dureza de la madera que aún no se había rayado. Las persianas estaban bajadas y apenas había luz en el apartamento. Acababa de darle una patada al barreño de agua que ponía en la entrada para que el polvo no se acumulara. Realmente desconocía sí aquello daba resultado pero lo había leído en internet y lo daba por cierto. Tras ponerse cómodo tendría que ponerse a secar el suelo. Había vuelto de su viaje en busca de hadas y de nuevo volvía con su cuaderno de dibujos sin usar. Tras dos semanas metido en lo más profundo de los bosques no había perdido la ilusión por encontrar alguna xana lavando su ropa en algún riachuelo de aguas trasparentes.

La vida continuaba de forma rutinaria. Eso era lo que peor llevaba, volver a su puesto de trabajo y comportarse como un ser normal. Hacía tiempo que su familia lo daba por perdido. Al fin y al cabo vivía en su mundo y todos habían perdido la esperanza de que cambiara. Él, seguía viajando en su imaginación hacia mundos donde las hadas si existían y algún día daría con ellas.

Ella había soltado su bolso sobre el zapatero que había debajo del espejo de la entrada. Volvía del trabajo, exactamente a la misma hora que el día anterior. Tampoco se había parado esta vez para comprar esos zapatos que le habían llamado la atención a través de los escaparates. No tenía ningún motivo para comprarlos, no tenía ninguna razón para gastar el dinero en unos zapatos que no sabría como ni cuando ponerse.

De pequeña siempre había soñado con acudir a un baile de disfraces con unos zapatos elegantes, unos zapatos como los que veía cada vez que pasaba por la puerta de la zapatería. Desde pequeña le enseñaron que los cuentos y los sueños pertenecían al mundo de los locos. Pero ella se resistía a creer que sólo los locos tuviesen el privilegio de soñar.

Él era un hombre de éxito en su trabajo. Serio, afable, trabajador. Ella, una mujer de éxito en su oficina. Puntual, trabajadora, emprendedora.

A veces se encontraban en el hueco de la escalera aunque no llegaron a intercambiar palabras. Él se había mudado a aquel edificio hacia poco más de un año y ella llevaba viviendo desde pequeña. Él era un ejecutivo de éxito según decía su casera, ella, una directiva de gran reputación como se comentaba en el rellano. Uno vivía en el piso de arriba del otro y sí mirabas desde la calle a altas horas de la noche, se podía observar la luz de la lámpara de sobre mesa de ambas habitaciones encendidas. A veces él se asomaba por la ventana pero nunca miraba hacia abajo. A veces ella se asomaba al alféizar de la suya pero nunca miraba hacia arriba. A veces ella tarareaba una canción a la calle y él a fuerza de escucharla había terminado por aprenderla.

Pasaron las noches y los días. Él seguía viajando el busca de sus hadas. Ella seguía soñando con acudir a ese baile de disfraces que nunca llegaba. A veces ella escuchaba su canción y empezaba a tararearla. Y los dos, asomados a la ventana disfrutaban de la misma melodía. En las noches de luna llena, ambos abrían la ventana dándole las buenas noches a la luna.

Él era un hombre de éxito en su trabajo. Ella, una mujer de éxito en su oficina. Eso se esperaba de ellos.

Ya hacia varios años que él se había mudado a aquella casa. Ella, seguía viviendo allí desde pequeña.

Y fue aquella noche. El sol hacia poco que se había escondido entre un cielo incendiado por los últimos naranjas del día. El había salido a pasear aquella noche. Ella hacía salido a respirar aire frío. Los dos se encontraron en la esquina.

– creo que le he dejado la luz del cuarto encendida! (Hablaron al unísono) y se miraron.

– hola! Soy tu vecino de arriba. Buscador de hadas -dijo casi sin pensar.

-buenas noches, creo que soy tu vecina de abajo. Yo cuidaba hadas en mi infancia hasta que mis padres me obligaron a dejar de creer en ellas!- respondió sin saber por qué.

Y él se quedo callado. Y ella alzó su mirada.

Y la melodía brotó de sus bocas. Ella se compraría los zapatos de sus cuentos de niñas.

Y desde aquel día él bajaba o ella subía para hablar de hadas y de bailes de salón.

Él era un buscador de hadas de éxito, ella una bailarina de fama.

A veces sé mes ve bailar en lo más profundo de los bosques.

Hace ya algún tiempo que él dejo de ser un hombre de éxito y ella una mujer de gran reputación.

Hace ya algún tiempo que ella es ella y él, él. La mujer que baila h el hombre que busca hadas.

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