Sobre laberintos de margaritas

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Me quiere…no me quiere…algo….poco…nada… Los seres-superiores a veces se entretienen en deshojar margaritas tratando de preguntarle al destino si la persona que ellos aman en silencio es la persona de su vida. Y mientras, van arrancando pétalo a pétalo la identidad de esa flor. Da igual el resultado, es siempre el mismo: la flor deja de existir.

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El sexto pétalo es el deseado. O el onceavo, o el 16, el 21, el 26…cosa que en pocas ocasiones ocurre. Y entonces cambian las reglas de juego pues en muy pocas ocasiones estos números aparecen: se convierte en un me quiere/no me quiere y se aprende a empezar por el orden que más les conviene. Así a adapta el ser-superior a las circunstancias de la vida, así obliga la sociedad a seguir hacia delante. Olvidando que el fin no justifica los medios.

En ello radica su inteligencia-emocional (no, no me he olvidado de hacer el alegato por la superioridad de los seres-inferiores respeto a la inteligencia emocional…).

Entre tanto caos no entienden que la vida tiene un orden: hay quien llama a este orden la “secuencia de Fibonacci”. 1,1,2,3,5,8,13,21,34,55…cada número es la suma de los dos números anteriores y su división con respecto al número anterior se aproxima gradualmente a la razón áurea y a pesar de que los números se van haciendo enormes, el cociente entre consecutivos se va acercando a un número que comienza con 1.61803399. Es como algunos-seres-científicos-con-bata-blanca-pero-espirituales llaman “proporción áurea” y es, a pesar de todo, un número irracional.

Todas las margaritas deben tener 13,21,34,55-como la Margarita africana que Woody Allen utiliza en alguna de sus películas- …pétalos. Pues todas las plantas del campo, todas las flores y todos los frutos siguen extrañamente esa secuencia.

Y este ser-superior trata de buscar la confirmación del amor en las margaritas equivocadas.

Podría hablar de un tipo de laberinto distinto en la inteligencia emocional: los laberintos de margaritas. Pero este es tema peliagudo -que opinará Jacobo?-

Para resolver este laberinto hay que seguir algunas normas:

– no deshojar ninguna flor
– no conformarse con margaritas de 8 pétalos.
– no buscar margaritas a las que le falten pétalos
– todas las margaritas son bellas.

Todo tiene un orden establecido por el ser-superior (iluso) y no se da cuenta de lo más curioso: la naturaleza impone el suyo propio.

A veces aparece una Margarita de 21 pétalos en un campo cubierto por margaritas de 13 y ésta pasa desapercibida. Dos margaritas de distintos pétalos pueden vivir una vida juntos, una vida bella. Pero cuando dos margaritas de 21 pétalos se encuentra en un mundo distinto al suyo, pueden sacar sus raíces del suelo, desplegar sus ramas al viento y dejarse deslizar juntas hacia su mundo de 21 razones. Entonces quizás, puedan vivir una vida bella, plena y llena de sonrisas. Salir a buscar juntas su mundo de 21 pétalos.

En ese ahora.

#historiasdejacobo

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