Sobre sensaciones.

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La vida-en-la-ciudad es, en ocasiones, demasiado rápida. Todo parece un caos (entendiendo caos como trampa-del-lenguaje).

Seres-racionales de aquí para allá sin un “orden” lógico. Gente-con-prisas que son ajenos a los sucesos que le rodean. Y mientras, los seres-con-bata-blanca se empeñan en estudiar (sin aprender) el comportamiento de los “seres-inferiores” en el laboratorio, cuando el mundo es un gran-laboratorio-en-sí.

A veces observas a algún ser-humano que anda de forma pausada. Hoy le pregunté a uno que aunque también usa bata, lo hace por otros motivos. Entonces reflexioné por qué a veces me recreo en mis paradas.

Querido Jacobo:

Me gusta acariciar el agua. Sentir cómo mi mano la acaricia y la tranquiliza. Quizás sea al contrario, quizás el agua me relaja a mí, quizás, al introducir mi mano en ella siento que nos unimos, y yo soy agua, y el agua soy yo, y mi única preocupación es sentir la brisa fresca.

A veces, me sorprendo a mi mismo acariciando las paredes cuando paseo. Me gusta acariciar las paredes y las vallas de los jardines cuando camino por las calles de mi ciudad. Me gusta notar la dureza de sus ladrillos y todos sus relieves. Es otra forma de sentir que estoy vivo.

Miro al cielo: La luna flota en el cielo y a pesar de su peso no se cae. Curiosas leyes de atracción entre astros.

A veces, si te paras, el mundo es un sitio perfecto.

#historiasdeJacobo
#buscandoaJacobo

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