Sobre laberintos redondos.

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Existen laberintos redondos. Son aquellos en los que no encontramos la salida porque alguien nos impide verla y cuando apenas la vislumbramos, nos da media vuelta con su dialéctica y hace que nos confundamos. Creo que Jacobo lo llamaba “efecto halo” y “atractivo” de ciertas personas y circunstancias.

Edward Thorndike fué quien habló por primera vez del efecto halo en su artículo “A Constant Error in Psychological Ratings” en 1920. Por ello deduzco que fue en los últimos días de su vida cuando el joven Jacobo, apenas recién salido de su nido, lo conoció. O al menos eso creo porque ya he mencionado que tengo muchas preguntas guardadas para Jacobo (cuándo y dónde nació, aunque sé que poner fronteras es cosa de humanos como mi admirado maestro dejo bien desarrollado en sus #historiasdeJacobo)

Y a través de este halo, mucha gente manipula a otras. Este halo que a veces se aprovecha de la culpa para provocar laberintos circulares.

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Lo había leído cuando era adolescente pero aún se acordaba de ello. Igual que el halo de una imagen cristiana glorificaba a su portador, él sabía que si lo hacía bien, podría proyectar una imagen de seguridad y fortaleza sobre la demás.
Llegó incluso a dibujar una corona dorada sobre su cabeza en algunas de las fotos en blanco y negro herencia de su madre y propias de la época para recordárlo – había pensado escribir recordárselo, pero Jacobo me enseñó a huir de los pronombres reflexivos- lo cual le supuso un gran problema: su madre, muy devota de numerosos santos -tantos que se pasaba el día rezándole uno a uno y en ello invertía más de la mitad del día- encontró un día una de estas fotos y pensando que su hijo se burlaba de ella y sus creencias le obligó a llevar garbanzos dentro de sus zapatos durante un año. Él, cincuenta años más tarde recordó aquella sensación al verse obligadó a andar descalzo -malditos vagabundos inmorales, lastre de la jerarquía de la calle que no respetaba la principal norma de convivencia: entre vagabundos se respetaban las pertenencias-. Agradeció el entrenamiento a su madre. Podría ser pobre, pero nunca había sido desagradecido.

Y es que a veces, la idea de culpa judeo-cristiana nos empapa de tal manera, que nos impide ver la salida…

#historiasdeJacobo

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