Sobre los Ángeles segovianos.

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Que curiosos son estos seres humanos. Llevo toda mi vida mirando el cielo. Buscando el amanecer o el atardecer perfecto. La perfecta compañía.

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Siempre me había imaginado que los ángeles tenían alas y volaban. Por eso miraba el cielo. Y ahora viene Tomas Segovia y me desmonta mis ideas en apenas 100 palabras.

Los ángeles ya están en la tierra:

Estoy portandome como un ángel intachable. Seguramente seré castigado.

Pero claro que quiero seguir adelante, porque no estoy portandome así por el premio o el castigo, sino por el libre deseo.

Es justo ser castigado cuando uno es un angel. Es ilógico, es doloroso, es desalentador, pero es justo.

Después de todo, ser angel es ser eso: pararrayos del mal. Recibir la descarga y absorberla, neurtralizarla, liberar de ella a todos los demás.

Todo ángel es expiatorio. Y en cierto sentido es más difícil soltar la descarga que recibirlas que recibirla: es más difícil liberarse de una herida infringida que de una herida recibida.

Tengo que anotar otra pregunta para ese día en el que encuentre a Jacobo. ¿Ha sido decisión mía convertirme en esa clase de Ángel? No quiero estas alas ni quiero que me confundan con alguno de ellos, pero es cierto que me cuesta más librarme de una herida infringida que de una herida recibida.

Esta noche he parado cerca de una habitación donde escucho jazz de fondo. Es tan largo el camino que incluso siendo recto mi laberinto construido, se me antoja eterno.

Eterno…otra palabra inventada por esos seres-intelectuales cuya definición jamás podrán alcanzar. Tan seguro de ello como de la infinitud de mi palabra usada: jamás. En una cabeza finita y una vida tan corta, los términos eterno o infinito se escapan de la compresión y razonamientos absurdos.

#historiasdeJacobo

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Sobre la lluvia.

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Llueve. Es un extraño suceso esto de la lluvia pues por lo que he llegado a observar es un hecho ansiado y aborrecido a la vez. Estos seres-intelectuales no logran ponerse de acuerdo.

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Siempre he creído que la causa es el miedo que tienen hacia ella pues una vez que empieza corren asustados a refugiarse debajo de cualquier cobertizo o lugar donde “permanecer a salvo de la lluvia” y por más que me empeño en buscar una explicación lógica a esta frase tan popularmente extendida en sus relatos y crónicas ficticias -si sí, estos seres-intelectuales tienden a escribir crónicas ficticias y las llaman novelas donde se entretienen narrando la vida de los otros. ¿Habrá locura igual en toda la creación que soñar la vida que nos cuentan?-

Aún no he visto llover más que simples gotas de agua -eso si, aterran a las hormigas, seres-inferiores según las clasifican aquellos señores-con-bata de los que ya hablamos-. Voy a dejar apartado aquellos casos donde la lluvia cae tan ferozmente o durante tanto tiempo que sí causa preocupación en todo el mundo. Sin embargo esto suele ocurrir ocasionalmente y es causa de problemas en aquellos sitios donde no es lógico construir nada aunque ellos se empeñen en hacerlo y demostrar su supremacía sobre la madre tierra.

Antes simples gotas de agua, huyen y se esconden y sin embargo se empeñan en vivir en lugares donde la lluvia si es motivó de preocupación creyéndose superiores a todos con construcciones que a veces dificultan la visión de mi viaje.

Curiosos seres estos hombres que como en el caso de la lluvia huyen de problemas sencillos y se empeñan en solucionar casos perdidos desde el principio. Será ese el motivo por el que no han aprendido aún a resolver laberintos sencillos.

Aún no he visto a las hormigas construir allí donde su hormiguero sea fácilmente inundables, aunque no puedo tomarlas en cuenta pues, a pesar de su perfecta jerarquía y convivencia social -algo propia de sociedades tiranizadas, es cierto-, son seres inferiores según los señores-científicos-investigadores habituados a resolver conflictos tan complejos como el de levantar viviendas en lugares arrasables por el agua mediante la construcción de diques, canalización de ríos y desecación de lagunas. ¡Qué ilusos! Ponerle una correa al agua es como atrapar el aire. Quizás algún día se den cuenta.

En fin, les resultaría más sencillo evitar conflictos que solucionarlos con medidas faraónicas y no sólo me refiero a edificios y lo que ellos llaman “obras civiles” -curiosos sujetos estos señores-arquitectos- sino al saco junto de “problemas” que ellos mismos se empeñan en plantearse.

Yo, no obstante, no soy buen entendido en estas materias porque como ya dije soy constructor de mi propio laberinto personal. Era de aquellos que buscaba soluciones extraordinarias a cuestiones sencillas y ahora pretendo tan sólo encontrar a Jacobo y finalizar este laberinto particular, este laberinto curvo que me lleva hacia vosotros.

Y como diría un popular protagonista de cómics ficticios: amenaza tormenta

#historiasdeJacobo

Sobre laberintos personales.

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Jacobo desapareció y nadie volvió a saber de él. Eso es un hecho inaudito y no menos preocupante para todos los que alguna vez lo tuvimos como fuente de inspiración.

Se esfumó. Simple pero misteriosamente. A veces quiero creer que se perdió en la noche y encontró un lugar abandonado pero tan bello, que vive enclaustrado en él escribiendo su tratado definitivo: su obra maestra. Sin duda alguna necesitará otro traductor y muchos se presentarán ávidos de fama y gloria.

Yo solo quiero ¿sentarme? frente a él. Entonces habré resuelto mi laberinto personal.

Los laberintos personales son realmente curiosos. Para resolverlos tienen que darse distintas circunstancias:

– ser experto en la resolución de laberintos simples
– llevar protecciones de seguridad para los casos de caídas
– el término “personales” se designa en plural por la simpleza del lenguaje y la incapacidad de algunos seres-intelectuales para solventar sencillos conflictos propios de la fenomenología lingüística básica. Para no dejar cabo atado al azar que me origine falsas interpretaciones a mi texto me aventuro a definir personales como aquellos procesos que incluyen a una única persona.
– tener conciencia de que somos los propios constructores de nuestros laberintos personales.
– somos nuestro peor enemigo pues conocemos todas nuestras debilidades.

Bueno. Me temo que voy a seguir construyendo de momento el mío propio. A veces no somos conscientes de ello: convivimos con nosotros mismos en nuestro purgatorio particular, y esta vez no hay ningún Virgilio que nos apoye, aunque eso es materia de otra historia.

#historiadeJacobo

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Sobre la Relatividad del tiempo…

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¡Que curioso es el tiempo y cuánta su relatividad! Y por relatividad no me refiero a esa extraña teoría de ese ser-humano-científico-con-pelo-descuidado llamado Einstein.

¿Quién no habrá escuchado hasta la saciedad eso de “se me ha hecho el día eterno” o “se me ha hecho el día cortísimo”? ¡Qué curioso son estos seres-humanos! El día siempre dura lo mismo: se inicia con la salida del sol y se acaba con su puesta! Es otra norma básica que parece que han olvidado. Desde siempre de han empeñado en medir el tiempo para después acabar definiendo términos muy elásticos. Un día tiene 24 horas, una hora 60 minutos y un minuto 60 segundo. 86.400 segundos en total. Ni uno más, ni uno menos. 86.400 segundos que al final pueden ser eternos o cortos…

Supongo que para aprovechar ese tiempo tan inmenso-escaso inventaron los “medios de trasporte”. Para poder compensar esa relatividad del tiempo. 30 minutos que pasan volando -siempre llegan tarde como norma- para pasar después 8 horas -28.800 segundos- muy largas y otros 30 minutos de vuelta que se les antoja eternos. Por cierto, esos 28.800 segundos que invierten de manera rutinaria, lo hacen en el trabajo, tema que no trataré pues ya Jacobo lo hizo en su día y no tengo nada que objetar hacia su enfoque pedagógico.

Por otro lado los hombres han inventado las luces artificiales para un único objetivo: arañar segundos de forma no-natural a la noche. ¡No me extraña que a veces se le haga el día eterno!

De ese modo no pueden disfrutar de puestas de sol como las que de vez en cuando me paro a contemplar en mi viaje. (Durán lo que exactamente tienen que durar: lo que dura una puesta de sol según la estación del año, -tampoco tienen claro eso de las estaciones-).

Tanto fijarme en ellos que adopté la insana costumbre de alargar el día incluso cuando ya se ha puesto el sol, aunque en mi defensa diré que las luces artificiales alteran mis biorritmos.

Bueno, inicio mi busca diaria de Jacobo.

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Sobre resolución de laberintos…

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No existe problema más sencillo de resolver que un simple laberinto. Todos es cuestión de tiempo y método. Los ratones lo saben desde el momento en que nacen y por más que esos seres llamados “investigadores” (a mi particularmente me gustaba más el término “científico“) traten de averiguarla sometiendo a estos pobres roedores, (sin duda alguna especie más evolucionado que estos humanos-científicos-investigadores) a pruebas “controladas” no consiguen resolverla. Pobres seres porque a veces incluso le merman sus capacidades intelectuales para intentar que se pierdan en estos laberintos. ¡Qué absurdos estos señores que necesitan vestir de blanco y llevar bolígrafos en el bolsillo para aparentar superioridad! ¿Acaso no han aprendido que resolver un laberinto es una tarea sencilla?

A mí me lo contó un ratón. Desde luego que no me contó la forma de resolver el problema de encontrar la salida, porque como ya he dicho eso es una tarea sencilla, sino la testarudez de estos humanos que se empeñan en no observar: es tan fácil como decidir entre derecha o izquierda, pero ¿qué esperamos de unos seres que incluso llegan a confundir entre ambas direcciones? Y no me refiero solo al camino, sino que también le atribuyen cuestiones que nombran como “política” (se es de derecha o de izquierda) aunque eso es un tema que ya trataré bajo el cobijo de alguna casa abandonada en mi peregrinaje particular. ¡Ojalá hubiese iniciado un laberinto pues ya lo habría resuelto!

Un humano en un laberinto se empeña en andar… Se obceca en buscar referencias visuales para orientarse en lo extraño. ¿Acaso no han leído a Paul, Felipe, Tomás o incluso al señor Albarrán? ¡Qué sencillo trámite es un simple laberinto sí decides creer en tus decisiones, cerrar los ojos y colocar una de tus manos en la pared y decidir andar sin separarla de ella ni abrir sus ojos bajo ningún concepto a riesgo de que al hacerlo te sientas confundido y perdido y taches la decisión como errónea!

Cualquier roedor lo resolvería con el simple uso de ese apéndice que los humanos-científicos-investigadores-seres-superiores-con-bata-que casi-no-lavan llaman cola. Si ellos no la hubiesen tachado de apéndice inútil y continuasen usándola podría tener las manos libres. ¿Seres-evolucionamos por haber perdido la cola?

Volviendo al tema que me trae esta media mañana en mi descanso en el viaje, si no incumples estas tres reglas saldrás del laberinto en el que te encuentres:

– tomar una decisión simple
– las apariencias pueden engañar así que una vez tomada esa decisión cerrar los ojos y creer en ella.
– no confundir derecha con izquierda.

Sin duda alguna esto lo escribo tal y como mi amigo el señor Ratón me dictó a conciencia (no porque yo lo necesitase) para que de una vez los dejen tranquilos. Y las coloco según su grado de dificultad para los Humanos-científicos-investigadores-señores-superiores-con-bata tras algún tiempo observándolos.

Claro esta que no se puedes esperar mucho de estos señores que pierden la perspectiva con tu testarudez. Es más fácil resolver el laberinto desde las alturas, desde esos cielos azules que tanto me gustan y que es reino de aves y viento. Los hombres han tenido que inventar seres imitando a pájaros para poder hacerlo.

En fin. Sólo espero que no suene a reproche de cualquier roedor-intelectual aburrido de repetir tantas veces estas cosas y que ningún ser-superior-de-bata le haga caso.

Toma una decisión y cree en ella. Saldrás de cualquier laberinto tarde o temprano. Yo, reemprendo mi búsqueda de Jacobo.

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Sobre el Arte Contemporáneo Callejero…

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Resulta curioso dónde me llevó ayer el viento. Cajas apiladas en medio de la plaza de una ciudad donde la gente se paraba a observar como otros pintaban sobre éstas. ¡Qué curioso es que el día ocioso la gente se entretenga viendo como otros trabajan!

Encuentro de Arte Contemporáneo en la calle o algo similar recuerdo haber leído. Me vuelve a resultar realmente curioso (permítanme la licencia de redundar) cómo el hombre intenta congelar la vida en representaciones artificiales. ¡Pájaros que vuelan pero no se mueven! Y lo mejor es que no caen al suelo.

Me paré a escuchar a los asombrados peatones (bueno, atendiendo a su actividad es ese momento en el que permanecían quietos mirando cómo otros decoraban de un modo tan peculiar aquellas cajas me atrevería a llamarlos “quietones” pero no pretendo que alguien más cualificado que yo trate de buscar su significado en lo que algunos nombran como “Diccionario“, aunque sinceramente este hecho queda descartado pues es más probable que lo “googleen” en la “Wikipedia” ).

Volviendo al tema. Aquel “Arte Contemporáneo callejero” asombraba a todo aquel que se paraba (¿quietones?). Lo que realmente me asombraba a mi era el material sobre el que trabajaban. Decenas de cajas apiladas cuyo destino está determinado en su definición: contener objetos. ¡Qué loca está la especie humana! La lluvia, el sol, el viento, el tiempo derrota al cemento y hormigón y ellos ¿pretenden que estas obras de artes duren el tiempo suficiente como para poder disfrutar de ellas?

En esta pregunta encontré la respuesta a otra pregunta aquí no presentada aún. Estos artistas se entretenían creando su obra mientras el resto de los mortales exclamaban sorprendidos. No todos los días se puede crear mientras uno es elogiado.

¡Qué extraño es el hombre que necesita de continuas lisonjas para sentirse realizado!

Yo me sorprendo triste al pensar que todas estas cajas acabarán como acaban todas las casas y edificios donde me paro. Condenadas a ser, tarde o temprano des-apiladas.

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Sobre grietas en la pared…

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Todas las casas tienen alguna grieta. Incluso las viviendas de los seres más ricos. La naturaleza ejerce su acción sobre todas las cosas, es una ley básica.

Toda construcción abandonada a las inclemencias de la vida se deteriora, se agrieta y se derrumba. Casi cómo ocurre con los seres vivos. Al final el tiempo y la naturaleza se alían para borrar toda muestra de lo que una vez fue.

Miro a través de una grieta de un muro caído que me permite ver el otro lado, como en esa fantasía vouyer o morbo inocente que todo el mundo ha tenido alguna vez de querer saber qué pasa al otro lado de la pared. En mi caso, no me interesa para nada el conocimiento de lo que puede estar ocurriendo, sino la imagen de lo que pudo haber pasado detrás de estos trozos de puzzle-pared imaginado mil batallas: discusiones, amores, despedidas, reencuentros, y un millar de circunstancias distintas que incluso se me antojan cómicas.

Resulta curioso que el techo desapareciese hace mucho y yo solo trato de imaginarme fisgoneando por esa grieta-agujero e imaginar qué pudo haber ocurrido y no aquello que pudo haber sido. Que curioso es el lenguaje que se usa de vez en cuando.

¿Dónde me llevará el viento hoy? Aún es temprano para pensar en estas cosas. Ya me preocupare luego de ello. De momento me quedo aquí, recordando sucesos que ni siquiera tengo la certeza de que hubiesen ocurrido.

Buena distracción para el día de hoy.

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Sobre silencios…

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Cae la noche y estoy cansado. Busco refugio allí donde veo cobijo, aunque me dé miedo. No le tengo miedo a la oscuridad, ni a los ruidos. Temo al silencio. Aquel silencio que precede a toda fatalidad. Aquel silencio que precede a respuestas que pretenden ser sinceras cuando realmente son respuestas razonadas.

Sólo se razonan las mentiras.

No me da miedo que el techo se caiga pues sé que aunque esté debajo es el ruido quien mece las chapas que hacen crujir las vigas de maderas enfermas de soledad. Esta noche podré dormir tranquilo.

El ruido me mantiene alerta. El silencio es la antesala de la traición. Hay silencios que se expresan mejor que todas estas palabras.

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Sobre Gran Hermano…

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Hoy el viento me ha parado en mi absurdo peregrinaje hacia ninguna parte en un antiguo laboratorio de gallinas.

No, no me he equivocado. Un laboratorio de gallinas, un ensayo del “gran hermano” para estudiar su comportamiento o al menos eso me parece a mi. Un lugar ahora abandonado donde antaño (desconozco la fecha exacta pero por el estado de las ruinas debe hacer bastante tiempo ya) encerraban a las gallinas y estaban todo el día pendiente de ellas. Le servían la comida, luz incluso por la noche por sí querían continuar despiertas e incluso existían criados que limpiaban sus habitáculos todos los días. Incluso recogían esos huevos que ponían y que se hubiesen pudrido en aquel lugar de no ser por la afable labor de sus cuidadores.

Todo el día sin hacer nada, sólo permanecer allí ensuciando y esperando que la puerta se abriese y entrase alguien de la organización que trajese comida o cambiara las cosas de sitio, para después tener ellas que habituarse a las nuevas condiciones, cual prueba del gran hermano.

Cuando una enfermaba era trasladada para que un médico de gallinas (veterinarios creo que se hacen llamar) las examinase. Ocurría tan solo que no volvía a aparecer por allí, probablemente porque se había ganado una larga estancia en un habitáculo más confortable.

A veces, venían unos señores y tras observarlas a todas nominaban a un grupo de ellas. Todas cacareaban emocionadas. Algunas se irían de allí aunque sabían que casi todas las nominadas tenían más de dos años cursados en aquel loco concurso de gallinas. Inmediatamente subían a un camión y ellas , felices, intuían que iban a ir al plató. Ya estaban cansadas de estar allí pues sólo permanecer a oscuras un par de horas al día era ya para ellas un juego sin gracias y hacia tiempo que no podían poner esos huevos que no sólo ellas echaban en falta. Sus cuidadores ya nunca las mimaban así que suponían que iba a recibir su premio, irían a entrevistas con Gallina Mila y se harían famosas por participar en aquel juego de gallinas.

Al menos eso decían porque ninguna había vuelto a dar una vuelta y contar sus experiencias fuera de aquella universidad de la vida gallinácea.

Desaparecían de sus vidas, como cualquier concursante del gran hermano humano, que una vez abandonado el recinto ya nadie volvía a saber de el.

Al menos eso me contaron aquellas ruinas.

Jacobo&CTorres

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Aquello que siempre fue

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Aquello que fue siempre deja una sombra en la memoria. Una sombra en forma de recuerdo. Una mancha en una esquina en forma de cualquier objeto peculiar. Dos sillas ancladas en las esquinas de una casa en ruina, a cada lado de la antigua chimenea.

El techo tapiza a modo de rompecabezas el suelo y trato de imaginar cómo habrían encajado las piezas en ese techo-suelo que ya no existe. Todo está cubierto de cañas y yeso antiguo que hacían las labores de suelo-techo y que, pensándolo desde la seguridad de la distancia medida en años, me habría asustado pisar.

Todo se ha derrumbado menos los escalones que suben a esa planta que ya no existe y los muros. Todo está sobre el suelo y sin embargo, las mecedoras, testigos de esos actos que yo no concibo ni a imaginar (el momento del derrumbe), permanecen limpias de trozos del techo-suelo.

¿Quizás permanecen allí los antiguos habitantes de la vivienda guardando los enseres que ya no existen?

Al cruzar la puerta, sólo tuve la necesidad para vencer el miedo de dirigirme hacia ellas y pedirles permiso para hacer la foto y explorar los restos que aún quedaban de pie bajo la sensación de esa atenta mirada que me acompañó desde el momento que crucé el umbral de la puerta.

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